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Este fragmento es una versión actualizada del Poema de Mío Cid, uno de los pocos cantares de gesta que han llegado casi completo hasta nosotros. La obra está dividida en tres partes:
- Cantar del destierro
- Cantar de las bodas
- Cantar de la afrenta de Corpes
El fragmento que tienes a continuación pertenece a esta última parte y narra la afrenta con la que los infantes de Carrión (a quienes ha casado con sus hijas como recompensa del rey) quieren vengarse del Cid porque ha puesto en evidencia su cobardía.
En el robledo de Corpes entraron los de Carrión,
los robles tocan las nubes, ¡tan altas las ramas son!
Las bestias fieras andan alrededor.
Hallaron una fuente en un vergel en flor;
mandaron plantar la tienda los infantes de Carrión,
allí pasaron la noche con cuantos con ellos son;
con sus mujeres en brazos demuéstranles amor;
¡mal amor les mostraron en cuanto salió el sol!
El relato se inicia con la ubicación de espacios y personajes: el paisaje es descrito como un lugar salvaje mediante dos pinceladas: la metáfora hiperbólica de los robles altos (oscuridad) y las bestias fieras que amenazan. En este entorno hostil, la fuente y el vergel en flor son la nota discordante. Los infantes se detienen en un locus amoenus ambiguo sobre el que se cierne la amenaza: el paraje es tan engañoso como las intenciones de los infantes; primero les muestran amor y luego las afrentan. El narrador continúa con la sucesión de hechos y acaba el fragmento con una catáfora o anticipación que anuncia el fatal desenlace.
[Mandan adelantarse a todos, y se quedan ellos solos con sus esposas.]
Todos se habían ido, ellos cuatro solos son,
así lo habían pensado los infantes de Carrión:
«Aquí en estos fieros bosques, doña Elvira y doña Sol,
«vais a ser escarnecidas, no debéis dudarlo, no.
«Nosotros nos partiremos, aquí quedaréis las dos;
«no tendréis parte en tierras de Carrión.
«Llegarán las nuevas al Cid Campeador,
«así nos vengaremos por lo del león».
Los mantos y las pieles les quitan los de Carrión,
con sólo las camisas desnudas quedan las dos,
los malos traidores llevan zapatos con espolón,
las cinchas de sus caballos ásperas y fuertes son.
Cuando esto vieron las damas así hablaba doña Sol:
«Don Diego y don Fernando, os rogamos por Dios,
«dos espadas tenéis, fuertes y afiladas son,
«el nombre de una es Colada, a la otra dicen Tizón,
«cortadnos las cabezas, mártires seremos nos.
« Moros y cristianos hablarán de vuestra acción,
« dirán que no merecimos el trato que nos dais vos.
«Esta acción tan perversa no la hagáis con nos
«si así nos deshonráis, os deshonraréis los dos;
«ante el tribunal del rey os demandarán a vos».
Lo que ruegan las dueñas de nada les sirvió.
Comienzan a golpearlas los infantes de Carrión;
con las cinchas de cuero las golpean sin compasión;
así el dolor es mayor, los infantes de Carrión:
de las crueles heridas limpia la sangre brotó.
Si el cuerpo mucho les duele, más les duele el corazón.
¡Qué ventura tan grande si quisiera el Criador
que en este punto llegase mio Cid el Campeador!
La voz narrativa interviene para presentar el momento más dramático: antes de iniciar el diálogo, en dos versos se expone la alevosía de los planes de los infantes. El fragmento alterna la voz narrativa y el diálogo. Los infantes enuncian su propósito y la causa que los mueve. La voz narrativa describe una selección de las acciones basada en el contraste: la desnudez e indefensión de las hijas del Cid frente a la crueldad y violencia de los infantes representada por las espuelas y las cinchas (sus armas). Los infantes de Carrión han despojado las hijas del Cid de sus vestiduras, dejándolas tan sólo con la ropa interior, la que ceñía el cuerpo. Cobardemente, los infantes van a maltratar a las hijas del Cid, puesto que no se atreven a plantarle cara al héroe; no sólo es una cobardía lo que van a llevar a cabo, sino también una traición en su sentido de alevosía: a sabiendas de la envidia y encono que sentían por el padre, se han casado con las hijas para así emparentar con el héroe; el episodio del león sólo ha confirmado la perfidia latente de los infantes. El diálogo de doña Sol suplica en vano la muerte antes que la deshonra. No quieren clemencia, sino una muerte honrosa.
En la Edad Media, e incluso en los siglos posteriores, la diferencia existente entre nobleza y pueblo llano era considerable, hasta en la forma de morir:
-al noble se le cortaba la cabeza, bien con un hacha bien con una espada
-al que no era noble, se le ahorcaba.
Las hijas del Cid están pidiendo a los infantes que las traten de acuerdo con su condición social, y ya que van a ser tratadas traicioneramente, que sean muertas por las espadas que su padre les ha entregado (al una dizen Colada e al otra Tizón), también pretenden con ello echarles en cara su traición, pues el Cid, confiando en ellos, se las ha regalado. Si ahora matan con éstas a sus hijas, habrán sido desleales a la confianza que el Cid había puesto en ellos.
El narrador describe el ultraje y acaba con una formulación subjetiva en la que desea la llegada del Cid en ese momento.
[Los Infantes dejan así a las hijas del Cid y se van.)
Tanto las majaron que sin aliento son;*
sangrientas en las camisas y todos los ciclatones.
Cansados son de herir ellos ambos a dos,
sangrientas en las camisas y todos los ciclatones.
Cansados son de herir ellos ambos a dos,
ensayándose ambos* cuál dará mejores golpes.
Ya no pueden hablar doña Elvira y doña Sol;
por muertas las dejaron en el Robledo de Corpes.
(Los infantes dejan abandonadas a las hijas del Cid)
Lleváronles los mantos y las pieles armiñas,
mas déjanlas apenadas en briales y en camisas,
Ya no pueden hablar doña Elvira y doña Sol;
por muertas las dejaron en el Robledo de Corpes.
(Los infantes dejan abandonadas a las hijas del Cid)
Lleváronles los mantos y las pieles armiñas,
mas déjanlas apenadas en briales y en camisas,
y a las aves del monte y a las bestias de fiera guisa.
Por muertas las dejaron, sabed, que no por vivas.
(Los infantes se alaban por la afrenta).
¡Cuál ventura sería, si asomase ahora el Cid Campeador!*
Los infantes de Carrión, en el Robledo de Corpes,
a las hijas del Cid* por muertas las dejaron
que la una a la otra no le torna recado*.
Por los montes do iban, ellos se iban alabando:
Infantes
De nuestros casamientos, ahora somos vengados;
no las debíamos tomar por barraganas si no fuésemos rogados,*
Por muertas las dejaron, sabed, que no por vivas.
(Los infantes se alaban por la afrenta).
¡Cuál ventura sería, si asomase ahora el Cid Campeador!*
Los infantes de Carrión, en el Robledo de Corpes,
a las hijas del Cid* por muertas las dejaron
que la una a la otra no le torna recado*.
Por los montes do iban, ellos se iban alabando:
Infantes
De nuestros casamientos, ahora somos vengados;
no las debíamos tomar por barraganas si no fuésemos rogados,*
pues nuestras parejas no eran para en brazos.*
La deshonra del león así se irá vengando.
La deshonra del león así se irá vengando.
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