Una autopsia literaria

Lee el fragmento de la autopsia a Santiago Nasar en la novela de García Márquez, Crónica de una muerte anunciada.

Hasta entonces no había temor alguno por el estado del cuerpo. La cara había quedado intacta, con la misma expresión que tenía cuando cantaba, y Cristo Bedoya le había vuelto a colocar las vísceras en su lugar y lo había fajado con una banda de lienzo. Sin embargo, en la tarde empezaron a manar de las heridas unas aguas color de almíbar que atrajeron a las moscas, y una mancha morada le apareció en el bozo y se extendió muy despacio como la sombra de una nube en el agua hasta la raíz del cabello. La cara que siempre fue indulgente adquirió una expresión de enemigo, y su madre se la cubrió con un pañuelo. El coronel Aponte comprendió entonces que ya no era posible esperar, y le ordenó al padre Amador que practicara la autopsia. «Habría sido peor desenterrarlo después de una semana», dijo. El párroco había hecho la carrera de medicina y cirugía en Salamanca, pero ingresó en el seminario sin graduarse, y hasta el alcalde sabía que su autopsia carecía de valor legal. Sin embargo, hizo cumplir la orden.

Fue una masacre, consumada en el local de la escuela pública con la ayuda del boticario que tomó las notas, y un estudiante de primer año de medicina que estaba aquí de vacaciones. Sólo dispusieron de algunos instrumentos de cirugía menor, y el resto fueron hierros de artesanos. Pero al margen de los destrozos en el cuerpo, el informe del padre Amador parecía correcto, y el instructor lo incorporó al sumario como una pieza útil.

Siete de las numerosas heridas eran mortales. El hígado estaba casi seccionado por dos perforaciones profundas en la cara anterior. Tenía cuatro incisiones en el estómago, y una de ellas tan profunda que lo atravesó por completo y le destruyó el páncreas. Tenía otras seis perforaciones menores en el colon trasverso, y múltiples heridas en el intestino delgado. La única que tenía en el dorso, a la altura de la tercera vértebra lumbar, le había perforado el riñón derecho. La cavidad abdominal estaba ocupada por grandes témpanos de sangre, y entre el lodazal de contenido gástrico apareció una medalla de oro de la Virgen del Carmen que Santiago Nasar se había tragado a la edad de cuatro años. La cavidad torácica mostraba dos perforaciones: una en el segundo espacio intercostal derecho que le alcanzó a interesar el pulmón, y otra muy cerca de la axila izquierda. Tenía además seis heridas menores en los brazos y las manos, y dos tajos horizontales: uno en el muslo derecho y otro en los músculos del abdomen. Unía una punzada profunda en la palma de la mano derecha. El informe dice: «Parecía un estigma del Crucificado». La masa encefálica pesaba sesenta gramos más que la de un inglés normal, y el padre Amador consignó en el informe que Santiago Nasar tenía una inteligencia superior y un porvenir brillante. Sin embargo, en la nota final señalaba una hipertrofia del hígado que atribuyó a una hepatitis mal curada. «Es decir -me dijo-, que de todos modos le quedaban muy pocos años de vida.» El doctor Dionisio Iguarán, que en efecto le había tratado una hepatitis a Santiago Nasar a los doce años, recordaba indignado aquella autopsia. «Tenía que ser cura para ser tan bruto -me dijo-. No hubo manera de hacerle entender nunca que la gente del trópico tenemos el hígado más grande que los gallegos.» El informe concluía que la causa de la muerte fue una hemorragia masiva ocasionada por cualquiera de las siete heridas mayores.

Nos devolvieron un cuerpo distinto. La mitad del cráneo había sido destrozado con la trepanación, y el rostro de galán que la muerte había preservado acabó de perder su identidad. Además, el párroco había arrancado de cuajo las vísceras destazadas, pero al final no supo qué hacer con ellas, y les impartió una bendición de rabia y las tiró en el balde de la basura. A los últimos curiosos asomados a las ventanas de la escuela pública se les acabó la curiosidad, el ayudante se desvaneció, y el coronel Lázaro Aponte, que había visto y causado tantas masacres de represión, terminó por ser vegetariano además de espiritista. El cascarón vacío, embutido de trapos y cal viva, y cosido a la machota con bramante basto y agujas de enfardelar, estaba a punto de desbaratarse cuando lo pusimos en el ataúd nuevo de seda capitonada. «Pensé que así se conservaría por más tiempo», me dijo el padre Amador. Sucedió lo contrario: tuvimos que enterrarlo de prisa al amanecer, porque estaba en tan mal estado que ya no era soportable dentro de la casa.

ACTIVIDADES

1. La autopsia es un texto técnico, científico y legal a la vez. Por fuerza ha de estar redactado con el auxilio de los tecnicismos y su objetividad descriptiva y exacta. En el fragmento de la novela, la frialdad de la autopsia queda enmarcada en la subjetividad de la narración literaria.

  • Señala algunos de los recursos literarios y las marcas gramaticales que evidencian la subjetividad.
  • Haz lo propio con fragmento del texto en el que prima la objetividad (el texto que corresponde a la autopsia).

2. El informe dice: «Parecía un estigma del Crucificado». Comenta esta frase del texto.

3. ¿Qué tipo de narrador tiene el texto? Fíjate bien en las personas verbales que utiliza y en la relación que tiene con las fuentes de lo que cuenta.

4. ¿Qué tipos de diálogo utiliza el narrador? Pon ejemplos.

La narrativa en la Edad Media

LA POESÍA NARRATIVA

Las primeras obras narrativas en castellano se escriben en verso y en su creación y transmisión intervienen juglares (mester de juglaría) y clérigos (mester de clerecía). Ambos se dirigen a un mismo público, pero el formato y el fin es distinto.
Los primeros informan y divierten a cambio de dinero. Su arte es más espontáneo y descuidado.
Los segundos, letrados y doctos, tratan temas más cultos, se ajustan a los rigores métricos, cuidan la expresión y tienen un objetivo didáctico y moralizador.


EL MESTER DE JUGLARÍA: POESÍA NARRATIVA POPULAR (CANTARES DE GESTA Y ROMANCES)
Los cantares de gesta son la primera manifestación de la épica en castellano. Relatan las hazañas de un héroe con el que, normalmente se identifica la colectividad y que está adornado por las virtudes clásicas: sabiduría, fortaleza, justicia y prudencia. El relato de sus hechos tiene un carácter noticiero e informativo y -como su nombre indica- estaban destinados al canto y no a la lectura.
Los romances son posteriores y, en muchos casos, derivan de los cantares.

Encontraréis mas información en el libro de texto (pp. 35-38).
TEXTOS
1. Un cantar de gesta: El poema de Mío Cid (La afrenta de Corpes)
2. Un romance novelesco: La doncella guerrera


EL MESTER DE CLERECÍA: POESÍA NARRATIVA CULTA (BERCEO Y EL ARCIPRESTE DE HITA)

Se llama así al grupo de escritores (clérigos, o sea, hombres cultos y letrados) de los siglos XIII y XIV que usan la cuaderna vía como estrofa preferente. Tienen un afán didáctico y moral y divulgan temas eruditos que van desde los temas clásicos, a los novelescos, a los religiosos...

TEXTOS

1. Un Milagro de Nuestra Señora (Gonzalo de Berceo): "El sacristán fornicario" /edición anotada
2. Tres fragmentos de El libro de Buen Amor (Arcipreste de Hita):


LA PROSA MEDIEVAL: DON JUAN MANUEL

El conde Lucanor
es la primera obra literaria en prosa de la literatura castellana.
Como es habitual en la Edad Media, es una obra didáctica; Don Juan Manuel quiso recoger en ella un conjunto de enseñanzas morales para formar a la nobleza. Y para hacer “tragar la píldora instructiva”, la endulza primero con un cuento. Don Juan Manuel no inventa los cuentos, la mayor parte los obtiene de las colecciones de “exempla” que se ponen de moda en los siglos XIII y XIV para ofrecer educación moral al pueblo en su propia lengua. Estas colecciones provenían casi todas de la literatura clásica y de la oriental (árabe, hindú, persa...) y DJM las adapta a su intención literaria: dar consejos a los de su propia clase, la nobleza.
Los 51 cuentos (o exempla) que forman El conde Lucanor tienen una misma estructura narrativa y dos personajes comunes (el conde y Patronio, su consejero) que hacen de hilo de unión y configuran el marco narrativo.

TEXTOS
1. Cuatro cuentos de El conde Lucanor.

Héroes y antihéroes

Localización

Este fragmento es una versión actualizada del Poema de Mío Cid, uno de los pocos cantares de gesta que han llegado casi completo hasta nosotros. La obra está dividida en tres partes:
  • Cantar del destierro
  • Cantar de las bodas
  • Cantar de la afrenta de Corpes
El fragmento que tienes a continuación pertenece a esta última parte y narra la afrenta con la que los infantes de Carrión (a quienes ha casado con sus hijas como recompensa del rey) quieren vengarse del Cid porque ha puesto en evidencia su cobardía.

En el robledo de Corpes entraron los de Carrión,
los robles tocan las nubes, ¡tan altas las ramas son!
Las bestias fieras andan alrededor.
Hallaron una fuente en un vergel en flor;
mandaron plantar la tienda los infantes de Carrión,
allí pasaron la noche con cuantos con ellos son;
con sus mujeres en brazos demuéstranles amor;
¡mal amor les mostraron en cuanto salió el sol!

El relato se inicia con la ubicación de espacios y personajes: el paisaje es descrito como un lugar salvaje mediante dos pinceladas: la metáfora hiperbólica de los robles altos (oscuridad) y las bestias fieras que amenazan. En este entorno hostil, la fuente y el vergel en flor son la nota discordante. Los infantes se detienen en un locus amoenus ambiguo sobre el que se cierne la amenaza: el paraje es tan engañoso como las intenciones de los infantes; primero les muestran amor y luego las afrentan. El narrador continúa con la sucesión de hechos y acaba el fragmento con una catáfora o anticipación que anuncia el fatal desenlace.

[Mandan adelantarse a todos, y se quedan ellos solos con sus esposas.]

Todos se habían ido, ellos cuatro solos son,
así lo habían pensado los infantes de Carrión:
«Aquí en estos fieros bosques, doña Elvira y doña Sol,
«vais a ser escarnecidas, no debéis dudarlo, no.
«Nosotros nos partiremos, aquí quedaréis las dos;
«no tendréis parte en tierras de Carrión.
«Llegarán las nuevas al Cid Campeador,
«así nos vengaremos por lo del león».
Los mantos y las pieles les quitan los de Carrión,
con sólo las camisas desnudas quedan las dos,
los malos traidores llevan zapatos con espolón,
las cinchas de sus caballos ásperas y fuertes son.
Cuando esto vieron las damas así hablaba doña Sol:
«Don Diego y don Fernando, os rogamos por Dios,
«dos espadas tenéis, fuertes y afiladas son,
«el nombre de una es Colada, a la otra dicen Tizón,
«cortadnos las cabezas, mártires seremos nos.
« Moros y cristianos hablarán de vuestra acción,
« dirán que no merecimos el trato que nos dais vos.
«Esta acción tan perversa no la hagáis con nos
«si así nos deshonráis, os deshonraréis los dos;
«ante el tribunal del rey os demandarán a vos».
Lo que ruegan las dueñas de nada les sirvió.
Comienzan a golpearlas los infantes de Carrión;
con las cinchas de cuero las golpean sin compasión;
así el dolor es mayor, los infantes de Carrión:
de las crueles heridas limpia la sangre brotó.
Si el cuerpo mucho les duele, más les duele el corazón.
¡Qué ventura tan grande si quisiera el Criador
que en este punto llegase mio Cid el Campeador!

La voz narrativa interviene para presentar el momento más dramático: antes de iniciar el diálogo, en dos versos se expone la alevosía de los planes de los infantes. El fragmento alterna la voz narrativa y el diálogo. Los infantes enuncian su propósito y la causa que los mueve. La voz narrativa describe una selección de las acciones basada en el contraste: la desnudez e indefensión de las hijas del Cid frente a la crueldad y violencia de los infantes representada por las espuelas y las cinchas (sus armas). Los infantes de Carrión han despojado las hijas del Cid de sus vestiduras, dejándolas tan sólo con la ropa interior, la que ceñía el cuerpo. Cobardemente, los infantes van a maltratar a las hijas del Cid, puesto que no se atreven a plantarle cara al héroe; no sólo es una cobardía lo que van a llevar a cabo, sino también una traición en su sentido de alevosía: a sabiendas de la envidia y encono que sentían por el padre, se han casado con las hijas para así emparentar con el héroe; el episodio del león sólo ha confirmado la perfidia latente de los infantes. El diálogo de doña Sol suplica en vano la muerte antes que la deshonra. No quieren clemencia, sino una muerte honrosa.
En la Edad Media, e incluso en los siglos posteriores, la diferencia existente entre nobleza y pueblo llano era considerable, hasta en la forma de morir:
-al noble se le cortaba la cabeza, bien con un hacha bien con una espada
-al que no era noble, se le ahorcaba.
Las hijas del Cid están pidiendo a los infantes que las traten de acuerdo con su condición social, y ya que van a ser tratadas traicioneramente, que sean muertas por las espadas que su padre les ha entregado (al una dizen Colada e al otra Tizón), también pretenden con ello echarles en cara su traición, pues el Cid, confiando en ellos, se las ha regalado. Si ahora matan con éstas a sus hijas, habrán sido desleales a la confianza que el Cid había puesto en ellos.
El narrador describe el ultraje y acaba con una formulación subjetiva en la que desea la llegada del Cid en ese momento.

[Los Infantes dejan así a las hijas del Cid y se van.)
Tanto las majaron que sin aliento son;*
sangrientas en las camisas y todos los ciclatones.
Cansados son de herir ellos ambos a dos,
ensayándose ambos* cuál dará mejores golpes.
Ya no pueden hablar doña Elvira y doña Sol;
por muertas las dejaron en el Robledo de Corpes.
(Los infantes dejan abandonadas a las hijas del Cid)
Lleváronles los mantos y las pieles armiñas,
mas déjanlas apenadas en briales y en camisas,
y a las aves del monte y a las bestias de fiera guisa.
Por muertas las dejaron, sabed, que no por vivas.
(Los infantes se alaban por la afrenta).
¡Cuál ventura sería, si asomase ahora el Cid Campeador!*
Los infantes de Carrión, en el Robledo de Corpes,
a las hijas del Cid* por muertas las dejaron
que la una a la otra no le torna recado*.
Por los montes do iban, ellos se iban alabando:
Infantes
De nuestros casamientos, ahora somos vengados;
no las debíamos tomar por barraganas si no fuésemos rogados,*
pues nuestras parejas no eran para en brazos.*
La deshonra del león así se irá vengando.

Romance de la doncella guerrera


Los romances son -en general- poesías narrativas que contienen historias heroicas, folclóricas, novelescas, psudohistóricas... El romance que nos ocupa -una variante- cuenta, de principio a fin, la historia de una doncella guerrera. Es un ejemplo del tópico de la "virgo bellatrix", el contrapunto de la dama débil y menesterosa, y una variación del tema de las amazonas de la tradición clásica. Estas últimas están destinadas a la guerra desde la cuna, la doncella guerrera, en cambio, se ve obligada por circunstancias diversas a encubrir su sexo y a practicar la caballería o la guerra. El tópico se relaciona también con el de "la mujer vestida de varón", otro prototipo de mujer valiente, muy popular en el el teatro del siglo XVII por el suspense y los equívocos que causa.

ROMANCE DE "LA DONCELLA GUERRERA"

-Pregonadas son las guerras
de Francia para Aragón,

¡Cómo las haré yo, triste,
viejo y cano, pecador!

¡No reventaras, condesa,
por medio del corazón,

que me diste siete hijas,
y entre ellas ningún varón!

Allí habló la más chiquita,
en razones la mayor:

—No maldigáis a mi madre,
que a la guerra me iré yo;

me daréis las vuestras armas,
vuestro caballo trotón.

—Conoceránte en los pechos,
que asoman bajo el jubón.

—Yo los apretaré, padre,
al par de mi corazón.

—Tienes las manos muy blancas,
hija no son de varón.

—Yo les quitaré los guantes
para que las queme el sol.

—Conocerante en los ojos,
que otros más lindos no son.

—Yo los revolveré, padre,
como si fuera un traidor.

Al despedirse de todos,
se le olvida lo mejor:

—¿Cómo me he de llamar, padre?
—Don Martín el de Aragón.

—Y para entrar en las cortes,
padre ¿cómo diré yo?

—Besoos la mano, buen rey,
las cortes las guarde Dios.

Dos años anduvo en guerra
y nadie la conoció

si no fue el hijo del rey
que en sus ojos se prendó.

—Herido vengo, mi madre,
de amores me muero yo;

los ojos de Don Martín
son de mujer, de hombre no.

—Convídalo tú, mi hijo,
a las tiendas a feriar,

si Don Martín es mujer,
las galas ha de mirar.

Don Martín como discreto,
a mirar las armas va:

—¡Qué rico puñal es éste,
para con moros pelear!

—Herido vengo, mi madre,
amores me han de matar,

los ojos de Don Martín
roban el alma al mirar.

—Llevarasla tú, hijo mío,
a la huerta a solazar;

si Don Martín es mujer,
a los almendros irá.

Don Martín deja las flores,
una vara va a cortar:

—¡Oh, qué varita de fresno
para el caballo arrear!

—Hijo, arrójale al regazo
tus anillas al jugar:

si Don Martín es varón,
las rodillas juntará;

pero si las separase,
por mujer se mostrará.

Don Martín muy avisado
hubiéralas de juntar.

—Herido vengo, mi madre,
amores me han de matar;

los ojos de Don Martín
nunca los puedo olvidar.

—Convídalo tú, mi hijo,
en los baños a nadar.

Todos se están desnudando;
Don Martín muy triste está:

—Cartas me fueron venidas,
cartas de grande pesar,

que se halla el Conde mi padre
enfermo para finar.

Licencia le pido al rey
para irle a visitar.

—Don Martín, esa licencia
no te la quiero estorbar.

Ensilla el caballo blanco,
de un salto en él va a montar;

por unas vegas arriba
corre como un gavilán:

—Adiós, adiós, el buen rey,
y tu palacio real;

que dos años te sirvió
una doncella leal!.

Óyela el hijo del rey,
trás ella va a cabalgar.

—Corre, corre, hijo del rey
que no me habrás de alcanzar

hasta en casa de mi padre
si quieres irme a buscar.

Campanitas de mi iglesia,
ya os oigo repicar;

puentecito, puentecito
del río de mi lugar,

una vez te pasé virgen,
virgen te vuelvo a pasar.

Abra las puertas, mi padre,
ábralas de par en par.

Madre, sáqueme la rueca
que traigo ganas de hilar,

que las armas y el caballo
bien los supe manejar.

Tras ella el hijo del rey
a la puerta fue a llamar.


ACTIVIDADES:

1. Lope de Vega, en su Arte nuevo de hacer comedias, recomienda el molde métrico del romance para las relaciones, esto es, para los relatos. El metro y la rima son sencillos y se había usado para narrar historias en verso en la épica y en los romances desde la Edad Media. Haz el análisis métrico del romance.
2. Explica el tema y los motivos folclóricos que aparecen en el romance.
3. Extrae la estructura narrativa del romance. Fíjate en la mezcla de narración y diálogo, muy frecuente en este tipo de textos, y en el tipo de desenlace.
4. Analiza los recursos estilísticos y relaciónalos con la transmisión oral. Puedes consultar el libro de texto.

Cántica de serrana del Arcipreste


Juan Ruíz, Arcipreste de Hita, en su Libro de Buen Amor intercala historias entre las que se encuentra la siguiente. Se trata de de una Cántica de serrana. En ella, la figura femenina invierte el papel de la pastorasen las "pastourelles" tradicionales y queda dibujada según un patrón habitual en la literatura misógina.


Pasando yo una mañana
el puerto de Malangosto
asaltóme una serrana
tan pronto asomé mi rostro.
“Desgraciado, ¿dónde andas? 5
¿Qué buscas o qué demandas
por aqueste puerto angosto?”

Contesté yo a sus preguntas:
“Me voy para Sotos Albos”
Dijo: “¡El pecado barruntas 10
con esos aires tan bravos!
Por aquesta encrucijada
que yo tengo bien guardada,
no pasan los hombres salvos.”

Plantóseme en el sendero 15
la sarnosa, ruin y fea,dijo:
“¡Por mi fe, escudero!
aquí me estaré yo queda;
hasta que algo me prometas,
por mucho que tú arremetas, 20
no pasarás la vereda.”

Díjele: “¡Por Dios, vaquera,
no me estorbes la jornada!
deja libre la carrera;
para ti no traje nada.” 25
Me repuso: “Entonces torna,
por Somosierra trastorna,
que aquí no tendrás posada.”

Y la Chata endiablada,
¡que San Julián la confunda! 30
arrojóme la cayada
y, volteando su honda,
dijo afinando el pedrero:
“¡Por el Padre verdadero,
tú me pagas hoy la ronda!” 35

Nieve había, granizaba,
hablóme la Chata luego
y hablando me amenazaba:
“¡Paga o ya verás el juego!
”Dije yo: “¡Por Dios, hermosa, 40
deciros quiero una cosa,
pero sea junto al fuego!”

“Yo te llevaré a mi casa
y te mostraré el camino,
encenderé fuego y brasa 45
y te daré pan y vino.
Pero ¡a fe!, promete algo
y te tendré por hidalgo.
¡Buena mañana te vino!”

[…]

Me hizo entrar mucha aína 50
en su venta, con enhoto;
y me dio hoguera de encina,
mucho conejo de Soto,
buenas perdices asadas,
hogazas mal amasadas 55
y buena carne de choto.

De vino bueno un cuartero,
manteca de vacas, mucha,
mucho queso de ahumadero,
leche, natas y una trucha; 60
después me dijo: “¡Hadeduro!,
comamos de este pan duro,
luego haremos una lucha.”

Cuando el tiempo fue pasando,
fuime desentumeciendo; 65
como me iba calentando
así me iba sonriendo.
Observóme la pastora;
dijo: “Compañero, ahora
creo que voy entendiendo”. 70

La vaqueriza, traviesa,
dijo: “Luchemos un rato,
levántate ya, de priesa;
quítate de encima el hato”.
Por la muñeca me priso, 75
tuve que hacer cuanto quiso,
¡creo que me fue barato! [1]

[1] “v7: angosto-estrecho”; “v10: barruntas-presientes”; “v18: queda-quieta”; “v24: carrera-camino”; “v27: trastorna-vuelve”; “v30: San Julián-protector de los caminantes”; “v33: afinando el pedrero-apuntando para disparar”; “v35: pagar la ronda-el tributo (sexual)”; “v39: ya verás el fuego-verás la que te espera”; “v49: buena mañana te vino-tuviste suerte en encontrarme”; “v50: aína-deprisa”; “v51: enhoto-energía”; “v55: hogazas-panecillos”; “v56: choto-cabrito”; “v57: cuartero-medio litro”; “v59: queso de ahumadero-curado junto a la chimenea”; “v61: ¡hadeduro!-¡infeliz!”; “v63: lucha-relación sexual”; “v70: la serrana cree ver en la sonrisa del hombre que accede”; “v74: hato-ropa”; “v75: me priso-me cogió”.

La versión original está en la Biblioteca Virtual Cervantes.

La narrativa en el Renacimiento

Novela, narración extensa, por lo general en prosa, con personajes y situaciones reales o ficticios, que implica un conflicto y su desarrollo que se desenlaza de una manera positiva o negativa. El término novela (del italiano novella, ‘noticia’, ‘historia’, que a su vez procede del latín novellus, diminutivo de novus, ‘nuevo’) procede de las narraciones que Giovanni Boccaccio empleó para designar los relatos y anécdotas en prosa contenidos en su Decamerón. Ahora bien, como género es el resultado de la evolución que arranca en la epopeya y se continúa en el romance.

Así define la novela la Encarta. En el siglo XVI, el término "novela" todavía se usaba para referirse a los relatos breves a la italiana. Posteriormente servirá para designar la narración extensa que en italiano se llamará "romanzo" y en francés, "roman".
En el siglo XVI triunfan las ficciones en prosa de tipo idealista: los libros de caballerías, la novela bizantina, la novela pastoril, la novela morisca o la sentimental...
Pero el antropocentrismo renacentista tuvo una repercusión muy importante en el desarrollo de la novela: los héroes y su realidad sublimada dejan sitio como protagonistas de la ficción a los individuos de la época: zagalas, alcahuetas, mendigos, pícaros, hidalgos venidos a menos, molineros, putas o frailes de la Inquisición. Y así nació la novela realista. Lee lo que dice Francisco Rico.

"La novela moderna viene de España. Hay pocas dudas", insiste Francisco Rico. "Aquí se rompió con el sistema clásico de la literatura", explica. "Desde los griegos, el objeto del artista es la realidad, pero no la que tenemos ante los ojos, sino la ideal". Los personajes, además, debían ser tratados según su condición social. A un personaje alto correspondía un estilo trágico. A uno bajo, uno cómico. Los pobres sólo podían protagonizar las comedias. "Contra eso llegan La Celestina, con personajes bajos que viven pasiones trágicas, el Lazarillo, que se burla de todo lo que no sea el pequeño mundo del protagonista, y El Quijote, que enfrenta la historia y la poesía". Para Rico, una frase de Victor Hugo resume el estado de la cuestión hasta entonces: "¿Cuándo se ha visto a un rey que pregunte 'qué hora es'?". Y añade: "Una palabra como jarro era impronunciable en un ambiente elevado. Y El Quijote está lleno de jarros". ¿Y por qué España? "Porque el humanismo no echó raíces tan fuertes como en Francia o Italia. Aquí el sistema de enseñanza fue más general, más democrático y, por eso, más débil. Los principios clásicos no se tomaron tan al pie de la letra". La influencia de tanta subversión se extendió por Europa como una epidemia. Una educación de masas pero débil, el olvido de la tradición... Parece de ahora mismo. Y lo es. "La novela realista es la más moderna porque está acorde con la aparición de la burguesía, el individualismo, la reducción de las relaciones sociales a términos económicos y la democratización de la cultura a través de la imprenta", explica el profesor Rico. "El arte se acerca a la realidad cotidiana, algo que termina en Gran Hermano y el reality show". No es, pues, extraño, que la novela se haya convertido en el género dominante, revestido además de un prestigio que no tenía hace 200 años, cuando era considerada un mero entretenimiento. Cuando en abril pasado el propio Rico contestó al discurso de ingreso en la RAE de Javier Marías, lo hizo así: leemos novelas por "curiosidad" y como "una vivencia lúdica, como las montañas rusas o un videojuego". "Es el juego de la ficción", abunda ahora. "Nos permite vivir una experiencia peligrosa sin arriesgar nada". ("Y España inventó el realismo", El País, 26-09-2008)

TEXTOS
  1. El primer tratado de El Lazarillo
  2. El Quijote:
  • Maritornes
  • El barco encantado
  • El discurso de Marcela


El Lazarillo de Tormes

"Antes, todo lector se habría soñado dentro de cualquier héroe, pero ¿y ahora? ¿A quién le gustaría ser Lázaro? A esta pregunta, desde un librito breve, la humanidad se dispone a bajar la cabeza. Lázaro no es Amadís, ni Leriano, ni hay Dianas, ni Orianas firmes y rendidas. A lo largo del Lazarillo corre el hambre, la desnudez, soledad, hastío. Nadie querría ser Lázaro, hambriento, desharrapado, depósito de todos los golpes que se pierden. Sus fortunas se limitan a luchar y a luchar con un amo tras otro, y se juzga feliz cuando, con un asno y unos cántaros de agua, puede ganarse la vida por las callejas empinadas de Toledo, para después de tanto desvivirse, «poder vestir muy honradamente de la ropa vieja». Qué lejos las fiestas, los calientes ropajes de los héroes de las otras novelas. La espada de Amadís se nos queda muy lejos ante esta espada de Lázaro, una «de las viejas primeras de Cuéllar», quién sabe si quizás encontrada ya en un basurero, en el montón de lo inservible. Y en cuanto al amor, nada más lejos de aquellas exquisiteces que esta equívoca historia matrimonial, con su revés turbio y contrahecho. Ya no nos cabe la menor duda. La corta novelita de 1554 era una auténtica revolución." Alonso Zamora Vicente

EL GÉNERO: La historia es un Bildungsroman o novela de autoformación, que, en realidad es una novela de desaprendizaje. Tiene forma epistolar; una carta destinada a un tal vuestra merced, en la que Lázaro narra su biografía para dar explicación de los rumores que circulan sobre su situación actual: su matrimonio amañado con una mujer que está amancebada con el Arcipreste de San Salvador. En siete tratados, su originalísima historia rompe con todos los moldes narrativos y convierte en literatura la historia de un perdedor que está en las antípodas de los relamidos pastores y cortesanos enamorados y de los caballeros idealizados del Renacimiento. Su epopeya está conducida por el hambre, y sus miras y objetivos vitales no van más allá de la supervivencia inmediata.
Gran parte del material e incluso de los personajes son de origen folclórico y tradicional; hay cuentecillos y facecias tomados del acervo popular. La obra, sin embargo, crea sus propios precedentes y contiene, asimismo, una variada muestra de técnicas narrativas: la suspensión, la estructura circular, la polifonía, la evolución del personaje protagonista… El carácter autobiográfico es otra de las características del género picaresco juntamente con la sátira que repasa desde la ironía y el sarcasmo las apariencias, la mezquindad, la avaricia, la falsa religiosidad y la corrupción del clero…

LOS TEMAS Y EL PERSONAJE:
"La temática del Lazarillo de Tormes es moral: una crítica acerba, incluso una denuncia, del falso sentido del honor ("la negra que llaman honra") y de la hipocresía. La dignidad humana sale muy malparada de la sombría visión que ofrece el autor, nihilista y anticlerical. La vida es dura y, tal como aconseja el ciego a Lázaro en la obra, "más da el duro que el desnudo"; cada cual busca su aprovechamiento sin pensar en los otros, por lo que, como se dice al principio de la obra, arrimándose a los buenos "se será uno de ellos": esto es, para ser virtuoso hay que fingir ser virtuoso, no serlo. Sin duda alguna, se trata de la visión de un humanista desencantado, acaso judeoconverso y erasmiano, a pesar de que Marcel Bataillon niega el influjo directo de Erasmo en la obra." Wikipedia

El pícaro procede de los bajos fondos, del mundo marginal y sus esfuerzos por escalar socialmente se ven siempre frustrados. Su caracterización resulta el opuesto del idealismo caballeresco. En el pícaro aparece un realismo de subsistencia, a menudo grosero y bajo. Su conducta está marcada por la trampa ingeniosa, el engaño y la astucia, gracias a las cuales sobrevive a las situaciones más adversas. Vive al margen de los códigos sociales y uno de sus móviles principales es el hambre. Es víctima inocente de unos pecados que no ha cometido y que hereda a través de la ascendencia familiar. La deshonra familiar (prostituras y ladrones) pesa como una losa de claro matiz determinista en la vida del pícaro, cuyo gran bien se reduce a la libertad de la que suele gozar, aunque también esta libertad esté condicionada por sus coordenadas existenciales. En todo caso, la libertad es el único aspecto que consigue proporcionarle esporádicos momentos de felicidad.

ACTIVIDADES:
1. Lee con atención el prólogo de El Lazarillo.

Porque estoy molido y comprometido, que si no...


Estamos en el capítulo XVI de la 1ª parte de El Quijote. Después de un tropiezo con unos arrieros yangüeses que le muelen a estacazos, Don Quijote llega herido a la venta de Juan Palomeque, pero él la toma por un castillo. El ventero le da hospedaje y su mujer, su hija y una criada asturiana le curan de sus heridas. Por un lado, la asturiana se había citado esa noche con un arriero; por otro, la locura de don Quijote le lleva a creer que ejerce un atractivo irresistible sobre las mujeres...
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Servía en la venta asimesmo una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta y del otro no muy sana. Verdad es que la gallardía del cuerpo suplía las demás faltas: no tenía siete palmos de los pies a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le cargaban, la hacían mirar al suelo más de lo que ella quisiera. Esta gentil moza, pues, ayudó a la doncella, y las dos hicieron una muy mala cama a don Quijote...
(...)
—¿Cómo se llama este caballero? —preguntó la asturiana Maritornes.

—Don Quijote de la Mancha —respondió Sancho Panza—, y es caballero aventurero [19], y de los mejores y más fuertes que de luengos tiempos acá se han visto en el mundo.

—¿Qué es caballero aventurero? —replicó la moza.

—¿Tan nueva sois en el mundo, que no lo sabéis vos? —respondió Sancho Panza—. Pues sabed, hermana mía, que caballero aventurero es una cosa que en dos palabras se ve apaleado y emperador [20]: hoy está la más desdichada criatura del mundo y la más menesterosa, y mañana tendría [*] dos o tres coronas de reinos que dar a su escudero.

—Pues ¿cómo vos, siéndolo deste tan buen señor —dijo la ventera—, no tenéis, a lo que parece, siquiera algún condado?

—Aún es temprano —respondió Sancho—, porque no ha sino un mes que andamos buscando las aventuras, y hasta ahora no hemos topado con ninguna que lo sea [21]; y tal vez hay que se busca una cosa y se halla otra. Verdad es que si mi señor don Quijote sana desta herida... o caída y yo no quedo contrecho della [22], no trocaría mis esperanzas con el mejor título de España.

Todas estas pláticas estaba escuchando muy atento don Quijote, y sentándose en el lecho como pudo, tomando de la mano a la ventera, le dijo:

—Creedme, fermosa señora, que os podéis llamar venturosa por haber alojado en este vuestro castillo a mi persona, que es tal, que si yo no la alabo es por lo que suele decirse que la alabanza propria envilece [23]; pero mi escudero os dirá quién soy. Solo os digo que tendré eternamente escrito en mi memoria el servicio que me habedes fecho, para agradecéroslo mientras la vida me durare; y pluguiera a los altos cielos que el amor no me tuviera tan rendido y tan sujeto a sus leyes, y los ojos de aquella hermosa ingrata que digo entre mis dientes [24]: que los desta fermosa doncella fueran señores de mi libertad.

Confusas estaban la ventera y su hija y la buena de Maritornes oyendo las razones del andante caballero, que así las entendían como si hablara en griego, aunque bien alcanzaron que todas se encaminaban a ofrecimiento y requiebros; y, como no usadas a semejante lenguaje [25], mirábanle y admirábanse, y parecíales otro hombre de los que se usaban; y, agradeciéndole con venteriles razones sus ofrecimientos, le dejaron, y la asturiana Maritornes curó a Sancho, que no menos lo había menester que su amo.
Había el arriero concertado con ella que aquella noche se refocilarían juntos, y ella le había dado su palabra de que, en estando sosegados los huéspedes y durmiendo sus amos, le iría a buscar y satisfacerle el gusto en cuanto le mandase. Y cuéntase desta buena moza que jamás dio semejantes palabras que no las cumpliese, aunque las diese en un monte y sin testigo alguno, porque presumía muy de hidalga, y no tenía por afrenta estar en aquel ejercicio de servir en la venta, porque decía ella que desgracias y malos sucesos la habían traído a aquel estado.
(...)

Esta maravillosa quietud y los pensamientos que siempre nuestro caballero traía de los sucesos que a cada paso se cuentan en los libros autores de su desgracia, le trujo a la imaginación una de las estrañas locuras que buenamente imaginarse pueden; y fue que él se imaginó haber llegado a un famoso castillo (que, como se ha dicho, castillos eran a su parecer todas las ventas donde alojaba) y que la hija del ventero lo era del señor del castillo, la cual, vencida de su gentileza, se había enamorado dél y prometido que aquella noche, a furto de sus padres, vendría a yacer con él una buena pieza ; y teniendo toda esta quimera que él se había fabricado por firme y valedera, se comenzó a acuitar y a pensar en el peligroso trance en que su honestidad se había de ver, y propuso en su corazón de no cometer alevosía a su señora Dulcinea del Toboso, aunque la mesma reina Ginebra con su dama Quintañona se le pusiesen delante .

Pensando, pues, en estos disparates, se llegó el tiempo y la hora (que para él fue menguada ) de la venida de la asturiana, la cual, en camisa y descalza, cogidos los cabellos en una albanega de fustán [48], con tácitos y atentados pasos , entró en el aposento donde los tres alojaban, en busca del arriero. Pero apenas llegó a la puerta, cuando don Quijote la sintió y, sentándose en la cama, a pesar de sus bizmas y con dolor de sus costillas, tendió los brazos para recebir a su fermosa doncella. La asturiana, que toda recogida y callando iba con las manos delante buscando a su querido, topó con los brazos de don Quijote, el cual la asió fuertemente de una muñeca y tirándola hacia sí, sin que ella osase hablar palabra, la hizo sentar sobre la cama. Tentóle luego la camisa, y, aunque ella era de arpillera, a él le pareció ser de finísimo y delgado cendal. Traía en las muñecas unas cuentas de vidro, pero a él le dieron vislumbres de preciosas perlas orientales. Los cabellos, que en alguna manera tiraban a crines, él los marcó por hebras de lucidísimo oro de Arabia, cuyo resplandor al del mesmo sol escurecía; y el aliento, que sin duda alguna olía a ensalada fiambre y trasnochada, a él le pareció que arrojaba de su boca un olor suave y aromático; y, finalmente, él la pintó en su imaginación, de la misma traza y modo, lo que había leído en sus libros de la otra princesa que vino a ver el malferido caballero vencidade sus amores , con todos los adornos que aquí van puestos. Y era tanta la ceguedad del pobre hidalgo, que el tacto ni el aliento ni otras cosas que traía en sí la buena doncella no le desengañaban, las cuales pudieran hacer vomitar a otro que no fuera arriero; antes le parecía que tenía entre sus brazos a la diosa de la hermosura. Y, teniéndola bien asida, con voz amorosa y baja le comenzó a decir...



Y si quieres saber qué ocurrió entre don Quijote y Maritornes sólo tienes que echar un vistazo al capítulo XVI (edición del CVC).

DUDAS RAZONABLES
1. Desde el primer párrafo y a lo largo de todo el fragmento, el narrador ofrece una descripción completa del personaje de Maritornes.
  • Señala las partes del texto dedicadas a la criada. Indica en cada caso de qué tipo de descripción se trata (prosopografía, etopeya, retrato, caricatura...)
  • Todo el fragmento es un excelente ejemplo de la ironía que destila la pluma cervantina. Repasa los recursos retóricos que utiliza la voz narrativa en las descripciones de Maritornes. Comenta asimismo el punto de vista y el tono que emplea el narrador.
  • El narrador, con mucha ironía y no menos mala baba da bastantes pistas sobre la moral de la criada asturiana, ¿qué dice?.
2. El arriero ve a Maritornes tal como es, pero don Quijote la transfigura porque en su cabeza baila el tópico del caballero andante ante el que cualquier princesa, doncella o dueña, cae rendida. Comenta el tópico y relaciónalo con otras obras literarias o cinematográficas en las que aparezca. Donde dice "caballero andante", puedes poner "héroe".

3. Don Quijote habla en la novela a imitación de cómo lo hacían los personajes de los libros de caballerías. Es por eso que a las de la venta les parece que lo hace en griego. Al desajuste de registros (formal y literario en un entorno coloquial) se une el desajuste diacrónico: usa expresiones que son anacrónicas para los coetáneos de Cervantes. Comenta este recurso humorístico y relaciónalo con otros similares que hemos visto este año.

4. ¿Cómo es el narrador de la historia? Justifica tu respuesta.

CURIOSIDADES
La asturiana inspiró una canción al grupo heavy Mago de Oz. Está en su disco "La leyenda de la Mancha" (1998) dedicado a Don Quijote. Para que luego digan que el rock y la cultura están reñidos. Debajo tenéis la letra.



Que trata del simpático suceso que aconteció en la venta, al confundir Don Quijote a una moza asturiana, que iba al encuentro de su amante, con la sin par Dulcinea (símbolo de los sueños inalcanzables).
Creo que al arriero no le sedujo demasiado la idea de que su chica, fuera seducida por la noche y en su cama, por un colgao que le prometía tierras y doncellas a una vulgar moza.
Por ti cariño encogería la noche
Al tamaño de tu cama.

Y compraría tus caricias pagando
con besos mi libertad.

Por ti cariño, guardaría mi orgullo
en la trastienda de mi alma.
y saciaría mi venganza bebiendo
como un loco en tu boca después.

(chorus)
Porque al rozarte siento miedo, amor
de despertar y no oír tu voz
y que al llegar el alba a tu ventana
abra los ojos y sólo esté yo.

Por ti cariño, robaría una estrella
y que en tus noches te velara
y en los caminos, rogaría a mi espada
que me haga digno de ti.

Quiero perderme en la jauría de tus labios
tormento es tu boquita de miel
enjaulé mi alma en tu linda armadura
forjadas con tu cuerpo y tu piel.

(chorus)

Viéndose sumido en tales pensamientos
Don Quijote no aceptaba ver
que la destinataria de tanto halago
no era quien creía ver.

Era Maritornes la moza asturiana
tuerta de un ojo y del otro no muy sano
que yendo al encuentro de su amante arriero
se topó con él.

(chorus)

Los barcos encantados: un fragmento de El Quijote

LOS BARCOS ENCANTADOS Y LA PEDICULOSIS CORPORIS

Vamos a leer un fragmento del Quijote que narra un paseo en barco que el caballero y su escudero se dan por el río Ebro. En el texto puedes encontrar algunas de las nociones que se tenían en el siglo XVII sobre geografía y cosmografía, mezcladas con supersticiones varias y con tópicos propios de los libros de caballerías como el del barco encantado, uno más de entre los medios de transporte mágicos que pueblan la literatura y los mitos. Ya sabes que, antes de Ryan Air, el viaje ultrarrápido y el vuelo ha sido una de las grandes aspiraciones del ser humano: alfombras mágicas, caballos voladores y pociones teletransportadoras dan fe de ello. Lee el fragmento con atención y responde a las cuestiones que se plantean.


RESUMEN DEL CAPÍTULO:


Don Quijote y Sancho Panza viajan camino de Zaragoza y se topan con el río Ebro; se ofrece ante su vista “un pequeño barco sin remos ni otras jarcias”. En seguida, Don Quijote, llevado por su fantasía caballeresca, interpreta que se encuentra delante de un elemento típico de los libros de caballerías: el barco encantado que se encuentra por casualidad al lado del río o del mar y que transpora por arte de magia -sin que nadie lo gobierne- a un sitio exótico donde el caballero acaba una gran aventura.

Rápidamente, ordena a Sancho embarcar. Este lo hace a regañadientes porque está muerto de miedo. Don Quijote está exultante y cree que, siguiendo el curso del río, han llegado al mar y han pasado la línea equinoccial. Pero la realidad es que el pequeño barco está alcanzando la otra orilla con peligro de dar contra las ruedas de una aceña, y al reparar en ello acuden los molineros, blancos de harina, con varas apropiadas para detener la embarcación. Don Quijote se sobresalta y los increpa y amenaza. Los molineros consiguen detener el barco, no sin que él y su escudero se zambullan en el río y el bajel resulte destrozado.



El discurso de Marcela (El Quijote)



Estando don Quijote con unos cabreros llegó uno con la noticia de la muerte de un joven estudiante llamado Grisóstomo, que había fallecido por el desamor de “una endiablada moza”, la pastora Marcela. Era esta una hermosísima muchacha rica y huérfana que creció al cuidado de un tío suyo sacerdote. Su tío decidió casarla al llegar a la adolescencia, eso sí, con su consentimiento y elección: “porque decía él, y decía muy bien, que no habían de dar los padres a sus hijos estado contra su voluntad”. Sin embargo, la muchacha rechaza a todos los pretendientes y prefiere la soledad del campo a las riquezas y la vida de pastora en libertad a la sujeción del matrimonio: “por ser tan muchacha, no se sentía hábil para poder llevar la carga del matrimonio”.
Don Quijote y Sancho acuden al entierro del pastor muerto por amor a Marcela y asisten a las acusaciones airadas de Ambrosio, amigo de Crisóstomo. “Enemiga mortal del linaje humano”, la llama y la acusa de impiedad mientras lee los últimos versos desesperados del pastor. Cuando termina, aparece Marcela en la cima de una peña y realiza un precioso discurso defendiendo su inocencia en aquella muerte y su libertad frente a la tiranía del amor. Se trata de una perfecta pieza de oratoria en la que se efectúa una defensa de los derechos de la mujer en una época en la que esta se encontraba sometida, primero a su padre y, después, a su marido, que, casi siempre, se lo elegían sin su consentimiento. Lee su discurso al final del capítulo XIV de la primera parte del Quijote.
A continuación tienes una propuesta de actividades.

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La novela picaresca: El Buscón

Capítulo I En que cuenta quién es el Buscón

Yo, señora, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal. Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria. Tuvo muy buen parecer para letrado; mujer de amigas y cuadrilla, y de pocos enemigos, porque hasta los tres del alma no los tuvo por tales; persona de valor y conocida por quien era. Padeció grandes trabajos recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros. Probósele que a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les daba con el agua levantándoles la cara para el lavatorio, un mi hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos de las faldriqueras. Murió el angelico de unos azotes que le dieron en la cárcel. Sintiólo mucho mi madre, por ser tal que robaba a todos las voluntades. Por estas y otras niñerías estuvo preso, y rigores de justicia, de que hombre no se puede defender, le sacaron por las calles. En lo que toca de medio abajo tratáronle aquellos señores regaladamente. Iba a la brida en bestia segura y de buen paso, con mesura y buen día. Mas de medio arriba, etcétera, que no hay más que decir para quien sabe lo que hace un pintor de suela en unas costillas. Diéronle doscientos escogidos, que de allí a seis años se le contaban por encima de la ropilla. Más se movía el que se los daba que él, cosa que pareció muy bien; divirtióse algo con las alabanzas que iba oyendo de sus buenas carnes, que le estaba de perlas lo colorado.
Mi madre, pues, ¡no tuvo calamidades! Un día, alabándomela una vieja que me crió, decía que era tal su agrado que hechizaba a cuantos la trataban. Y decía, no sin sentimiento:
-En su tiempo, hijo, eran los virgos como soles, unos amanecidos y otros puestos, y los más en un día mismo amanecidos y puestos.
Hubo fama que reedificaba doncellas, resuscitaba cabellos encubriendo canas, empreñaba piernas con pantorrillas postizas. Y con no tratarla nadie que se le cubriese pelo, solas las calvas se la cubría, porque hacía cabelleras; poblaba quijadas con dientes; al fin vivía de adornar hombres y era remendona de cuerpos. Unos la llamaban zurcidora de gustos, otros, algebrista de voluntades desconcertadas; otros, juntona; cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de carnes y por mal nombre alcahueta. Para unos era tercera, primera para otros y flux para los dineros de todos. Ver, pues, con la cara de risa que ella oía esto de todos era para dar mil gracias a Dios.
Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de imitar en el oficio, mas yo, que siempre tuve pensamientos de caballero desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro. Decíame mi padre:
-Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal.
Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos:
-Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran, otras nos azotan y otras nos cuelgan..., no lo puedo decir sin lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las que le habían batanado las costillas). Porque no querrían que donde están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. Mas de todo nos libró la buena astucia. En mi mocedad siempre andaba por las iglesias, y no de puro buen cristiano. Muchas veces me hubieran llorado en el asno si hubiera cantado en el potro. Nunca confesé sino cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. Preso estuve por pedigüeño en caminos y a pique de que me esteraran el tragar y de acabar todos mis negocios con diez y seis maravedís: diez de soga y seis de cáñamo. Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los nones. Y con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre lo más honradamente que he podido.
-¿Cómo a mí sustentado? -dijo ella con grande cólera. Yo os he sustentado a vos, y sacádoos de las cárceles con industria y mantenídoos en ellas con dinero. Si no confesábades, ¿era por vuestro ánimo o por las bebidas que yo os daba? ¡Gracias a mis botes! Y si no temiera que me habían de oír en la calle, yo dijera lo de cuando entré por la chimenea y os saqué por el tejado.
Metílos en paz diciendo que yo quería aprender virtud resueltamente y ir con mis buenos pensamientos adelante, y que para esto me pusiesen a la escuela, pues sin leer ni escribir no se podía hacer nada. Parecióles bien lo que decía, aunque lo gruñeron un rato entre los dos. Mi madre se entró adentro y mi padre fue a rapar a uno (así lo dijo él) no sé si la barba o la bolsa; lo más ordinario era uno y otro. Yo me quedé solo, dando gracias a Dios porque me hizo hijo de padres tan celosos de mi bien.

Los dos reyes y los dos laberintos

Los dos reyes y los dos laberintos

Jorge Luis Borges

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mando a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.
FIN

 
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